Ecos de Cuba


Pedro Correia,

 

«Lo que más angustia a esta mujer que ha caído en el paro no es el futuro de su empleador estatal, sino el rumbo que su vida personal tomará. Nunca ha hecho otra cosa que llenar actas, componer contratos, enmendar declaraciones. Sus diecisiete años de vida profesional los apostó a trabajar para ese patrón gubernamental que hoy la ha dejado en la calle.»

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«Tiene apenas treinta y dos páginas y una sobria cubierta azul. El pasaporte cubano parece más un salvoconducto que una identificación. Con él podemos saltarnos la insularidad, pero su tenencia tampoco garantiza que logremos tomar un avión. Vivimos en el único país del mundo donde para adquirir dicho documento de viaje hay que pagar en una moneda diferente a la que se reciben los salarios. Su costo de “cincuenta y cinco pesos convertibles” significa para un trabajador promedio guardar el sueldo íntegro de tres meses en aras de conseguir ese librito de filigrana y hojas numeradas.»

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«En apenas un par de horas la bandeja de entrada de mi Motorola colapsó, de tantos pronósticos y expectativas que generan en nosotros los próximos doce meses. Curiosamente, una palabra se repetía en la mayoría de estos mensajes, la escurridiza “libertad” copaba con sus ocho letras una buena parte de los sms que me llegaron en las vísperas de Navidad.»

 

Yoani Sánchez, Generación Y

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